Los mensajes de motivación, el sermón moderno y la realidad biblica

Escrito por cristianismobiblico 21-12-2008 en General. Comentarios (12)

LOS MENSAJES DE MOTIVACIÓN, EL SERMÓN MODERNO Y LA REALIDAD BIBLICA

Por: Frank Viola y Mario Rodriguez Bernier

 

El cristianismo no destruyó al paganismo; lo adoptó.-Will Durant

A Lo largo de los años he visto, con indignación y preocupación, la proliferación de los oradores de motivación en las iglesias.  Incluso he visto cómo algunos de estos predicadores han construido grandes imperios y sus iglesias con este sello". Pero lo que es peor, he visto cómo manadas de personas han sido engañados al creer que se están alimentado con el Pan de vida, es decir, el evangelio puro de Jesucristo, cuando lo que se les sirve es un discuso de motivación aderezado con escrituras biblicas.

Pero yo no estoy preocupado por estos oradores de motivación en los púlpitos, lo que me preocupa es el bienestar espiritual de los miles de personas que asisten a sus iglesias, y los varios millones de telespectadores en todo el mundo cuyas vidas están siendo afectadas por sus enseñanzas. El peligro es que se está envasando un mensaje de motivación como el evangelio de Jesucristo. 

Como seres humanos, tendemos a pensar que el  tamaño de una iglesia, la popularidad, el tamaño de un ministerio son la base del éxito de la iglesia.  Por lo tanto, la iglesia más grande o la mas popular o éxito de un predicador son los modelos a seguir.  Sin embargo, este éxito aparente podria no ser el éxito de acuerdo a las escrituras biblicas. 
                      ¿Qué son los mensajes de motivación?   

Es un discurso alentador, edificante con la intención de motivar en el oyente el deseo de hacer mejor las cosas y ser mejor en ciertas areas específicas de nuestra vida. En un sentido el orador motivacional fomenta la alegria en los oyentes, motiva a la gente a la acción. Hasta ahora algunos se preguntarán ¿y cual es el problema? El problema es que el mensaje proviene de la fuerza mental humana y no la fuerza de Dios. Es lo que una persona puede hacer en su propia fuerza en lugar de lo que Dios pueda hacer con la fuerza de esta persona. 

Pero no me malinterprete: las palabras de motivacion son muy utiles en nuestra sociedad. Por ejemplo, mediante este tipo de mensaje levantamos el animo de las personas, los hacemos sentir bien consigo mismo, se les motiva a ser mejores personas, se le hace a la persona esforzarce por la excelencia, olvidar el pasado, la amargura, el enojo, etc  Se puede hacer a la gente alcanzar y luchar por su maximo potencial e incluso se puede impulsar a agunas personas a perdonar a los que les han perjudicado.Hay muchos beneficios de las palabras de motivación.  No hay nada malo en los mensajes de motivación, si este no se envasa como el evangelio dentro de las iglesias y es confundido como el evangelio. 

No nos reunimos como iglesia para escuchar a alguien hablando de motivación, tampoco vamos a la iglesia a ser entretenidos, y voy a ir más alla y en contra de lo que la mayoria cree y hablando biblicamente: No vamos a la reunión a escuchar un sermón moderno o discurso monologo
Entonces ¿Para que nos reunimos? Dejenme llamarles al apostol Pablo y que el responda la pregunta:

1Co 14:26  ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.

La forma como Pablo nos la presenta es bajo la figura de la edificación mutua. Cada hermano da al otro de lo que Dios le ha dado. Esa es la forma como El Espíritu Santo fluye en la iglesia. Es el modelo bíblico dado por Dios. Es la forma como se desarrolla el sacerdocio de cada creyente.

En la iglesia primitiva habia maestros, con el don de la enseñansa dado por Dios, pero su forma de enseñansa está bién lejos de los predicadores de motivación actuales.

Ahora, ¿quiere eso decir que usted no puede estar motivado por el evangelio?  Por supuesto que si, puede.  Sin embargo, hay una diferencia en la forma en que el evangelio le inspira, y la manera en que estos motivadores aplican la palabra.  Haciendo uso de la palabra de motivación usted es motivado a sentirce bién, pero estos mensajes al igual que la euforia que manejan no son duraderos. En la forma en que Pablo nos presenta  El estilo de reunión biblico es totalmente diferente al moderno en que escuchamos un sermón motivador mesclado con algo de sicologia y en algunos casos cargados de gran manipulación. Por lo tanto, si usted va a la iglesia sentirse bien acerca de sí mismo después de cada servicio, es probable que usted esté escuchando a un predicador motivacional. 

Pero de pronto usted vuelve a insistir y talves  vez usted pregunte, "Si el orador motivacional que motiva a la gente a la acción, y los alienta a ser mejores, ¿qué hay de malo en eso?" ¡Nada! Si se hace fuera de la iglesia! Sin embargo, haciendo uso de la palabra de motivación encubierta como el evangelio es muy peligroso porque es a menudo confundido con el verdadero evangelio.  Es como un veneno cubierto de chocolate, sabe bien, pero no es bueno para usted.  Haciendo uso de la palabra de motivación envasado como el evangelio se desdibuja la línea entre el Evangelio y el humanismo, que es lo que realmente habla y trata la  motivación.  Se desdibuja la línea entre la capacidad humana y la capacidad de Dios.

 ¿Qué es el Evangelio?

Tal vez ahora usted está pensando, "Si el uso de la palabra motivación no es el evangelio, entonces ¿cuál es el Evangelio?" Simplemente, el evangelio es la "buena noticia" de Jesús Cristo. Dios Padre mandó a su Hijo para redención de toda la humanidad Y actua en cada creyente e traves de su Espíritu , y su palabra en nosotros es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones de nuestro corazón. A diferencia de la palabra de motivación de un predicador motivacional. La principal diferencia entre la palabra de motivación y el evangelio se explica mejor por esta analogía... La palabra de motivación puede ser comparado con una aspirina que alivia el dolor de forma momentanea pero no tiene el poder de curar la causa del dolor, pero cuando es Dios el que actua a traves del creyente este sanará la causa. Es la verdad de la Palabra de Dios que hace a la gente libre (Juan 8:32).  No la filosofía, la psicología o la política.  No la sociología, fábulas u opiniones personales. Por lo tanto la función principal de un verdadero maestro es enseñar la palabra de Dios dividendo bien esta y enseñando todo el concejo de Dios.

Un verdadero predicador enseña a la iglesia cómo ser verdaderos discípulos de Jesucristo, a fin de que puedan discípular a  otros. En otras palabras, ser una extensión del ministerio terrenal de Jesús Cristo. Un verdadero predicador no enseña a la iglesia siempre acerca de lo que puede obtener de Dios, pero si  lo que podemos hacer por y para Dios para ayudar a los demás: Su Reino, es decir, cómo se puede vivir para Él.

Si estudias la vida de Jesucristo y la de los  los primeros discípulos (nuestros ejemplos), verá que de lo que menos se preocupaban era la búsqueda de Dios por lo que podrían obtener de El. Por el contrario, su principal preocupación era negarse ellos mismos para el bien del evangelio; y buscar y salvar los perdidos.  Del mismo modo, la función primordial de un verdadero maestro es llevar a la iglesia esas ideas afines.  Y no esta locura que se ve en TV cristiana o escuchamos en la radio acerca de lo que se puede obtener de Dios o lo que Dios puede hacer por nosotros - un rasgo compartido por los predicadores de motivación y la prosperidad de hoy en dia los cuales predican lo que sabén que la gente quiere escuchar. La tendencia actual de este tipo de maestro es la de no predicar en contra del pecado, hacen enfasis en el amor y la misericordia de  Dios y dejan de lado la justicia de Dios. Dios es amor, eso es una gran verdad pero, tambien es fuego consumidor y no comulga con el pecado y por eso una gran mayoria serán condenados al lago de fuego. Por lo tanto, esta idea de no predicar acerca de la ira de Dios o la condena (maldad) es errónea y engañosa, Y sólo pretende engañar y adormecer a la gente. (Ver nuestra apreciacion al respeto en el articulo: Existe realmente el infierno?)

Estos predicadores rara vez utilizan la Biblia porque saben que en la Biblia se exponen sus mentiras. De hecho ellos han programado a la gente para que cuando la lean vean en ella sus afirmaciones. Por lo tanto, lo que hacen es citar algunas escrituras aquí y allá, a menudo fuera de contexto, y siguen  adelante. Y con toda la razón, porque si desea mantener simpre a una persona ignorante, hay que mantener el libro alejado de la persona.  Han sido capaces de llegar muy lejos con esto por tanto tiempo,  y simplemente porque saben que la mayoría de los cristianos, rara vez leen la Biblia por si mismos, y por lo tanto, no saben lo que está en ella.  Ni siquiera los cristianos que asisten a iglesias donde la Biblia se lee!  Por el contrario, para la  mayoría de los cristianos "el conocimiento de la Biblia se basa en la intepretacion que alguien mas le ha dado. La mayoría de los cristianos viven y mueren sobre la base que otra persona le ha interpretado, y no lo que han aprendido de la Biblia por sí mismos y por Espíritu de Dios. Desgraciadamente la cristiandad ha hecho caso omiso a las palabras de Pablo: Col 2:8  Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

 

Bueno pero hasta aquí llego con mis apreciaciones y los dejo con la segunda parte de este artículo y con las apreciaciones del hermano Frank Viola en su libro Cristianismo pagano sobre el uso del sermón en la iglesia moderna.

 

EL SERMÓN: LA VACA MÁS SAGRADA

DEL PROTESTANTISMO

 

Llegamos ahora a una de las prácticas eclesiásticas más sacrosantas de todas: el sermón. Elimine el sermón, y el orden del culto protestante no es más que una reunión de canto. Quite el sermón, y la asistencia al servicio del domingo a la mañana está condenada a bajar dramáticamente.

El sermón es la base de la liturgia protestante. Durante quinientos años ha funcionado como un mecanismo de relojería. Cada domingo a la mañana, el pastor sube a su púlpito y da un discurso inspirador a un público pasivo que calienta los bancos. Tan clave es el sermón que es la razón misma por la que la mayoría de los cristianos asisten a la iglesia. De hecho, todo el culto suele ser juzgado por la calidad del sermón. Pregúntele a una persona cómo estuvo el culto del domingo y recibirá invariablemente una descripción del sermón. Por ejemplo: Pregunta: “¿Cómo estuvo la iglesia el domingo pasado?”. Respuesta: “Oh, maravilloso. El pastor García habló de la importancia de dar ‘semillas de fe’ como ofrenda para aumentar nuestros ingresos; fue tremendo. Me motivó a dar toda mi paga el próximo domingo”.

 

En resumen, la mentalidad cristiana actual hace equivaler al sermón con el culto del domingo a la mañana.  Pero no termina aquí. La mayoría de los cristianos son adictos al sermón. Llegan a la iglesia con un balde vacío esperando que el predicador lo llene con un mensaje que lo haga sentir bien. Para el cristiano típico, el sermón es el principal medio de sustento espiritual. Está por encima de la oración, la lectura bíblica y la comunión con otros creyentes. Y, si somos completamente sinceros, ¡está hasta por encima de la comunión con Jesucristo (al menos en la práctica)! Elimine el sermón y ha eliminado la fuente más importante de nutrición espiritual de la mayoría de los creyentes (según el pensamiento general). ¡Pero la asombrosa realidad es que el sermón moderno no tiene ninguna raíz en las Escrituras! Más bien, fue tomado de la cultura pagana, y criado y adoptado dentro de la fe cristiana. Esta es una declaración alarmante, ¿no es cierto? Pero hay más. En realidad, el sermón atenta contra el propósito mismo para el cual Dios ideó la reunión de iglesia. Y tiene muy poco que ver con el auténtico crecimiento espiritual. Voy a demostrar estas palabras en este artículo.

 

El sermón y la Biblia

 

Sin duda, alguien que lea lo que acabo de escribir replicará: “En toda la Biblia aparecen personas que predicaron. ¡Por supuesto que el sermón es bíblico!”. Es cierto que las Escrituras registran a hombres y mujeres predicando. Sin embargo, hay una enorme diferencia entre la prédica inspirada por el Espíritu descrita en la Biblia y el sermón moderno. Esta diferencia casi siempre se pasa por alto porque hemos sido condicionados mentalmente e inadvertidamente a leer nuestras prácticas actuales en la Biblia. Así que, aceptamos, erróneamente, el culto al púlpito actual como algo bíblico.

 

Déjeme analizarlo un poco más. El sermón cristiano contemporáneo tiene las siguientes características:

·        Es algo que ocurre con regularidad, entregado fielmente desde el púlpito al menos una vez por semana.

·        Es entregado por la misma persona; generalmente, el pastor.

·        Es entregado a un público pasivo; es esencialmente un monólogo.

·        Es una forma de hablar elaborada, con una estructura específica. Suele tener una introducción, tres a cinco puntos y una conclusión.

 

Contraste esto con el tipo de prédica que aparece en la Biblia. En el Antiguo Testamento, había hombres de Dios que predicaban y enseñaban. Pero sus disertaciones no encajan en el sermón moderno. Estas son las características de las predicaciones y enseñanzas del Antiguo Testamento:

 

·        Eran habituales la participación y las interrupciones del público.

·        Hablaban extemporáneamente y por una carga del momento, en vez de hacerlo usando un escrito preparado.

·        No hay ninguna indicación de que los profetas o sacerdotes del Antiguo Testamento dieran mensajes con regularidad al pueblo de Dios. En cambio, la naturaleza de las predicaciones del Antiguo Testamento era esporádica, fluida y abierta a la participación del público. La prédica de la antigua sinagoga seguía un modelo similar.

 

Llegamos ahora al Nuevo Testamento. El Señor Jesús no predicaba un sermón en forma regular al mismo público. Sus prédicas y enseñanzas asumían muchas formas diferentes. Y daba sus mensajes a muchos públicos diferentes. (Por supuesto que concentró la mayor parte de su enseñanza en sus discípulos. Sin embargo, los mensajes que Él les daba eran siempre espontáneos e informales.)

 

Siguiendo el mismo modelo, la predicación apostólica que se registra en Hechos poseía las siguientes características:

·        Era esporádica.

·        Era entregada en ocasiones especiales para tratar con problemas específicos.

·        Era extemporánea y sin estructura retórica.

·        Tenía habitualmente características de diálogo (es decir que incluía las opiniones e interrupciones del público) en vez de un monólogo (un discurso de un solo sentido).

 

Similarmente, las cartas del Nuevo Testamento muestran que el ministerio de la Palabra de Dios surgía de toda la iglesia en sus reuniones habituales.  Este funcionamiento “de todos los miembros” era también conversacional  y con interrupciones.  De igual manera, las exhortaciones de los ancianos locales eran generalmente espontáneas.

 

En resumen, el sermón moderno dado para el consumo cristiano es ajeno tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento. No hay absolutamente nada en las Escrituras que indique su existencia en las reuniones de los primeros cristianos.

¿De dónde vino el sermón cristiano?

 

La fuente cristiana más antigua conocida con relación al uso habitual de sermones se encuentra a fines del segundo siglo. Clemente de Alejandría (150-215) lamentaba el hecho de que los sermones hacían tan poco para cambiar a los cristianos.19 Sin embargo, a pesar de su fracaso reconocido, el sermón se convirtió en una práctica habitual entre los creyentes a principios del cuarto siglo. Esto plantea una pregunta espinosa. Si los cristianos del primer siglo no se destacaban por sus sermones, ¿de dónde tomaron los cristianos postapostólicos el sermón? La respuesta es elocuente: ¡El sermón cristiano fue adoptado directamente de la fuente pagana de la cultura griega!

 

Para encontrar los orígenes del sermón, tenemos que ir al quinto siglo a.C., a un grupo de maestros errantes llamados sofistas. Se les atribuye a los sofistas la invención de la retórica (el arte de hablar persuasivamente.) Ellos reclutaban discípulos y exigían el pago por sus discursos. Los sofistas eran expertos discutidores. Eran maestros en el empleo de apelaciones emocionales, la apariencia física y el lenguaje ingenioso para “vender” sus argumentos. Con el tiempo, el estilo, la forma y la destreza oratoria de los sofistas llegaron a ser más valoradas que su precisión. Esto produjo una clase de hombres que se convirtieron en maestros de frases elegantes, “cultivando el estilo por el estilo mismo”. Las verdades que predicaban eran abstractas en vez de verdades practicadas en sus propias vidas. Eran expertos en imitar la forma antes que la sustancia.

 

Los sofistas se identificaban por la ropa especial que usaban. Algunos vivían en un lugar fijo donde daban sus sermones regularmente al mismo público. Otros viajaban para dar sus pulidos discursos. (Sacaban bastante dinero cuando lo hacían.) A veces, el orador griego ingresaba al foro donde daría su discurso “vestido ya con su túnica para el púlpito”. Después subía los escalones para sentarse en su silla profesional, desde donde daba su sermón.

 

Para sostener sus argumentos, el sofista solía citar versos de Homero. (Algunos oradores estudiaron a Homero tan bien que podían repetirlo de memoria.) El sofista era tan cautivante que a menudo incitaba a su público a aplaudir durante su discurso. Si su mensaje era bien recibido, algunos decían que su sermón estaba “inspirado”. Los sofistas eran los hombres más distinguidos de su tiempo. A tal punto que muchos vivían del estado. Otros tuvieron estatuas públicas erigidas en su honor. (¿No le recuerda todo esto a muchos predicadores modernos?) Casi un siglo más tarde, el filósofo griego Aristóteles (384-322 d.C.) dio a la retórica el discurso de tres puntos. “Un todo”, dijo Aristóteles, “necesita un principio, un centro y un

final”. Con el tiempo, los oradores griegos incorporaron el principio de los tres puntos de Aristóteles en sus discursos. Los griegos estaban intoxicados con la retórica. Así que les iba bien a los sofistas.

 

Cuando Roma conquistó Grecia, los romanos cayeron bajo el hechizo griego y su obsesión por la retórica. Por consiguiente, la cultura grecorromana desarrolló un deseo insaciable de escuchar a alguien dar un discurso elocuente. Se puso tan de moda que un “pequeño sermón” de un filósofo profesional después de la cena era una forma habitual de entretenimiento.

 

Los antiguos griegos y romanos consideraban a la retórica como una de las mayores formas de arte. En consecuencia, los oradores del Imperio Romano eran honrados con la misma condición glamorosa que los estadounidenses asignan a las estrellas del cine y a los atletas profesionales. Eran las estrellas rutilantes de su tiempo.

 

Los oradores podían llevar a una multitud al frenesí simplemente con sus poderosas habilidades de oratoria. Los maestros de retórica, la ciencia líder de ese tiempo, eran el orgullo de cada ciudad importante.41 Los oradores que producían recibían el trato de celebridades. En resumen, los griegos y romanos eran adictos al sermón pagano, así como muchos cristianos contemporáneos son adictos al sermón “cristiano”.

 

La llegada de una corriente contaminada

 

¿Cómo terminó el sermón griego en la iglesia cristiana? Alrededor del tercer siglo, se creó un vacío cuando el ministerio mutuo se extinguió en el Cuerpo de Cristo. En este momento el obrero itinerante (apostol) que hablaba desde una carga espontánea desapareció de la iglesia. Para cubrir su ausencia, comenzó a surgir la casta clerical. Las reuniones abiertas comenzaron a desaparecer, y las reuniones de iglesia se volvieron cada vez más litúrgicas.

 

Durante el tercer siglo, la distinción entre el clero y el laicado se estaba ampliando a una velocidad arrolladora. Comenzó a arraigarse una estructura jerárquica, y apareció el concepto del “especialista religioso”. En vista de estos cambios, el cristiano participativo tuvo problemas para encajar en esta estructura eclesiástica en evolución. No había lugar para que él ejerciera sus dones. Para el cuarto siglo, la iglesia se había vuelto completamente institucionalizada y la participación del pueblo de Dios se congeló.

 

Mientras ocurría esto, muchos oradores paganos se estaban volviendo cristianos. Como resultado, se introdujeron inadvertidamente ideas filosóficas paganas en la comunidad cristiana. Algunos de los nuevos creyentes de este tiempo eran ex oradores y filósofos paganos. Lamentablemente, muchos de estos hombres pasaron a ser los teólogos de la iglesia cristiana primitiva. Son conocidos como los “padres de la iglesia” y algunos de sus escritos están con nosotros todavía.

 

Por lo tanto, el concepto pagano de un orador profesional entrenado que da discursos  o sermones por un arancel pasó directamente a la corriente sanguínea del cristianismo. Note que el concepto de un “maestro especialista pago” no vino del judaísmo. Vino de Grecia. Los rabinos judíos acostumbraban tener un oficio o profesión para no cobrar por su enseñanza.

 

La conclusión de esta historia es que estos ex oradores paganos (ahora convertidos en cristianos) empezaron a utilizar sus destrezas en la oratoria grecorromana para propósitos cristianos. Se sentaban en su silla oficial y “explicaban el texto sagrado de las Escrituras, así como el sofista acostumbraba dar una exégesis52 del texto cuasi sagrado de Homero...” Si usted compara un sermón pagano del tercer siglo con un sermón dado por uno de los padres de la iglesia, encontrará que tanto la estructura como la fraseología de ambos se parecen impresionantemente.

 

Así que un nuevo estilo de comunicación estaba naciendo en la iglesia cristiana, un estilo que enfatizaba la retórica pulida, la gramática sofisticada, la elocuencia florida y el monólogo. Era un estilo ideado para entretener y hacer alarde de las destrezas en oratoria del expositor. Era la retórica grecorromana. ¡Y solamente a las personas entrenadas en estas capacidades se les permitía dirigirse a la congregación!56 (¿Le suena conocido?) Un erudito lo expresa de la siguiente manera: La proclamación original del mensaje cristiano era una conversación de doble vía… pero cuando las escuelas de oratoria del mundo occidental se apoderaron del mensaje cristiano, convirtieron a la prédica cristiana en algo enormemente diferente. La oratoria tendió a ocupar el lugar de la conversación. La grandeza del orador tomó el lugar del asombroso hecho de Jesucristo. Y el diálogo entre el orador y el oyente pasó a ser un monólogo.

 

En resumen, el sermón grecorromano reemplazó el profetizar, el compartir abiertamente y la enseñanza inspirada por el Espíritu. El sermón pasó a ser el privilegio elitista de los oficiales de la iglesia, especialmente los obispos.  Estas personas debían ser educadas en las escuelas de retórica para aprender a hablar. Sin esta clase de educación, no se le permitía a un cristiano hablar al pueblo de Dios.

 

Ya en el tercer siglo los cristianos llamaban a sus sermones con el mismo nombre que los oradores griegos denominaban sus discursos. Los llamaban homilías. Hoy uno puede tomar un curso de seminario llamado homilética para aprender a predicar. Se considera a la homilética como “una ciencia que aplica las reglas de la retórica, que tienen su origen en Grecia y Roma”. Expresado de otra manera, ni las homilías (los sermones) ni la homilética (el arte de dar un sermón) tienen un origen cristiano. Fueron tomados de los paganos. Una corriente contaminada se introdujo en la fe cristiana y envenenó sus aguas. Y esa corriente fluye tan fuerte hoy como en el cuarto siglo.

Cómo daña a la iglesia el uso de sermones

 

Aunque venerado durante cinco siglos, el sermón convencional ha contribuido al mal funcionamiento de la iglesia de varias maneras.

 

Primero, el sermón convierte al predicador en el ejecutante virtuoso del culto de la iglesia. Como resultado, la participación de la congregación es obstaculizada, en el mejor de los casos, e impedida, en el peor de los casos. El sermón convierte a la iglesia en un puesto de predicación. La congregación degenera en un grupo de espectadores enmudecidos que presencian una función. No hay espacio para interrumpir o cuestionar al predicador mientras da su discurso. El sermón congela y aprisiona el funcionamiento de Cuerpo de Cristo. Fomenta un sacerdocio dócil al permitir a los profesionales del púlpito dominar la reunión de la iglesia semana tras semana con sus juegos de manos.

 

En segundo lugar, el sermón estanca el crecimiento espiritual. Al ser unidireccional, ahoga la curiosidad y genera pasividad. El sermón incapacita el funcionamiento de la iglesia. Sofoca el ministerio mutuo. Ahoga la participación abierta. Hace que el crecimiento espiritual del pueblo de Dios caiga en picada.

 

Como cristianos, necesitamos funcionar si queremos crecer. No crecemos sentándonos como estatuas de sal en el banco mientras un hombre nos predica semana tras semana. De hecho, una de las metas de la predicación y la enseñanza al estilo del Nuevo Testamento es ponerlo en funcionamiento a usted. Alentarlo a abrir su boca en la reunión de iglesia. El sermón convencional obstaculiza este mismo proceso.

 

En tercer lugar, el sermón preserva la mentalidad antibíblica de un clero. Crea una dependencia excesiva y patológica del clero. El sermón hace del predicador el especialista religioso, el único que tiene algo digno de compartir. Todos los demás son tratados como cristianos de segunda, silenciosos calentadores de bancos. (Si bien esto no suele expresarse, es la realidad.) ¿Cómo puede el pastor aprender de los demás miembros del Cuerpo de Cristo cuando están en silencio? ¿Cómo puede la iglesia aprender del pastor cuando sus miembros no le pueden hacer preguntas durante su discurso? ¿Cómo pueden los hermanos y hermanas aprender el uno del otro si están amordazados y sin poder hablar durante las reuniones?

 

El sermón hace que la “iglesia” sea lejana e impersonal Priva al pastor de recibir sostén espiritual de la iglesia. Y priva a la iglesia de recibir nutrición espiritual unos de otros. Por estas razones, ¡el sermón es una de los obstaculos más grandes para un sacerdocio funcional.

 

En cuarto lugar, más que equipar a los santos, el sermón les quita las destrezas. No importa con cuánta fuerza los ministros hablen de “equipar a los santos para la obra del ministerio”, lo cierto es que la predicación de sermones no equipa a nadie para el servicio espiritual. En realidad, el pueblo de Dios está tan adicto a escuchar sermones como los pastores a predicarlos. (Soy consciente de que a algunos cristianos no les gusta que le prediquen constantemente semana tras semana. Pero la mayoría parece disfrutarlo.)  En contraste, la predicación y enseñanza al estilo del Nuevo Testamento equipa a la iglesia para que pueda funcionar sin la presencia de un clérigo.

 

En quinto lugar, el sermón moderno es completamente impráctico. La mayoría de los predicadores son expertos en lo que nunca han experimentado. Sea abstracto/teórico, devocional/inspirador, exigente/convincente, entretenido/divertido, el sermón no lograponer a los oyentes en una experiencia directa y práctica de lo que ha sido predicado. Por lo tanto, ¡el típico sermón es una lección de natación en tierra firme! Carece de todo valor práctico. Se predica mucho, pero poco llega. La mayor parte está dirigida al lóbulo frontal.

 

El moderno énfasis en el púlpito no trasciende de meramente diseminar información para cumplir con el papel de equipar a los creyentes para que experimenten y usen lo que han escuchado. En este sentido, el sermón refleja a su verdadero padre, la retórica grecorromana, impregnada de abstracción. “Involucraba formas ideadas para entretener y mostrar genialidad en vez de instruir o desarrollar talentos en los demás”.  El moderno sermón pulido podrá calentar el corazón, inspirar la voluntad y estimular la mente. ¡Pero rara vez, o nunca, muestra al equipo cómo dejar el abrazo grupal! En todas estas formas, el sermón no logra promover el crecimiento espiritual. En cambio, intensifica el empobrecimiento de la iglesia. El sermón actúa como un estimulante momentáneo. Sus efectos son efímeros, en el mejor de los casos.

 

Seamos sinceros. Hay montones de cristianos que han sido sermoneados por décadas, y siguen siendo bebés en Cristo. Los cristianos no somos transformados por escuchar sermones. Somos transformados por encuentros regulares con el Señor Jesucristo. Los que ministran, por lo tanto, son llamados a asegurarse de que su ministerio sea intensamente práctico. Están llamados no solamente a revelar a Cristo, sino a mostrar a sus oyentes cómo experimentarlo, conocerlo, seguirlo y servirlo. Si un predicador no puede llevar a sus oyentes a una experiencia viva y espiritual de lo que está ministrando, los resultados de su mensaje serán efímeros. Por lo tanto, la iglesia necesita menos personas en el púlpito y más facilitadores espirituales. Hay una tremenda necesidad de personas que puedan proclamar a Cristo y sepan cómo alistar al pueblo de Dios para que experimente a Quien ha sido predicado.

 

Necesitamos restaurar la práctica del primer siglo de la exhortación mutua y el ministerio mutuo. Porque el Nuevo Testamento hace girar la transformación espiritual alrededor de estas dos cosas. Es cierto que el don de la enseñanza está presente en la iglesia. Pero la enseñanza debe surgir de todos los creyentes,  así como de los que poseen dones especiales para enseñar.  Nos alejamos mucho de los límites bíblicos cuando permitimos que la enseñanza asuma la forma de un sermón convencional y la relegamos a una clase de oradores profesionales.

 

En resumen

 

El sermón del púlpito no es el equivalente de la predicación que se encuentra en las Escrituras. No puede encontrarse en el judaísmo del Antiguo Testamento, el ministerio de Jesús o la vida de la iglesia primitiva. Es más, Pablo dijo a sus conversos griegos que él rehusó ser influenciado por los patrones de comunicación de sus contemporáneos paganos.

 

El sermón es una vaca sagrada que fue concebida en el vientre de la retórica griega. Nació a la comunidad cristiana cuando ex paganos convertidos en cristianos empezaron a traer sus estilos de oratoria a la iglesia. Para el tercer siglo, era habitual que los líderes cristianos dieran sermones. Para el cuarto, pasó a ser la norma. El cristianismo ha absorbido la cultura que lo rodea. Cuando su pastor se sube al púlpito y da su sermón sagrado, está jugando el papel del antiguo orador griego.

 

Sin embargo, a pesar de que el sermón no tiene un ápice de mérito bíblico para justificar su existencia, sigue siendo admirado acríticamente por la mayoría de los cristianos actuales. Se ha arraigado tanto en la mente cristiana que la mayoría de los pastores y “hermanos” que creen en la Biblia no ven que están afirmando y perpetuando una práctica antibíblica por pura tradición. El sermón ha quedado implantado permanentemente en una compleja estructura organizacional que dista mucho de la vida eclesiástica del primer siglo.

 

En vista de todo lo que hemos descubierto acerca del sermón moderno, considere estas preguntas penetrantes:

 

¿Cómo puede un hombre predicar un sermón acerca de ser fiel a la Palabra de Dios cuando está predicando un sermón? Y ¿cómo puede un cristiano sentarse pasivamente en un banco y afirmar el sacerdocio de todos los creyentes cuando está sentado pasivamente en un banco? Hilando más fino, ¿cómo puede usted, querido cristiano, afirmar que defiende la doctrina protestante de sola Scriptura (“sólo por la Escritura”) y seguir apoyando el sermón del púlpito? Como dijo un autor de manera tan elocuente: “El sermón es, en la práctica, incuestionable. Ha llegado a ser un fin en sí mismo, sagrado, producto de una reverencia distorsionada por ‘las tradiciones de los ancianos’... Parece ser extrañamente inconsistente que los que están más dispuestos a afirmar que la Biblia es la Palabra de Dios, ‘la guía suprema en todos los asuntos de la fe y la práctica’, se encuentran entre los primeros en rechazar los métodos bíblicos a favor de las ‘cisternas rotas’ de sus padres (Jeremías 2:13).” Dicho de otra forma, ¡no hay espacio en el corral de la iglesia para vacas sagradas como el sermón!

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